Ana y el dragón

Escrito por cuentosynanas 19-02-2016 en ana. Comentarios (0)

Ana y el dragón


Anoche fue noche de Reyes. Como todos los años, Ana escribió su carta a los Reyes Magos.

Queridos Reyes Magos:

Este año quiero pedir algo especial. Dicen mis amigos y mi familia que pronto dejaré de ser niña y pasaré a ser mayor. Entre nosotros, no sé si quiero crecer. De niña me siento bien. Aún quiero seguir soñando y jugando a ser princesa, jugar con mis muñecas, jugar con mis amigos en el patio....Qué me espera cuando sea mayor? Tendré que ir sola al colegio, ayudar en casa, estudiar más...responsabilidades. Por eso este año quiero algo especial. No sé si será el último año en el que os acordaréis de mí. Y quiero algo que nunca pueda olvidar. Os dejo a vuestra elección un regalo para mí. Me conocéis desde que nací. Me habéis seguido desde siempre y nunca os habéis equivocado. Sé que este año tampoco lo haréis. Pero la diferencia es que este año no pido, sólo recibo. A vuestra disposición, siempre, ANA.

A la mañana siguiente, Ana se despertó pronto para ir corriendo a abrir su regalo, su misterioso tesoro. Cuando llegó al árbol había una caja de cartón sencilla sin envoltorio ni lazo. Estaba medio abierta y se movía. Se acercó algo asustada y cuando se asomó, vio un pequeño dragón verde que le miraba con ternura. Lo agarró con cuidado para no dañarlo y lo apretó contra su pecho. Tenía el tamaño de un bebé de 4 meses. En seguida fue a la cocina y le preparó un biberón. El dragón se lo bebió de un trago. A partir de este día empieza la historia de Ana y su dragón.

Aun no entendiendo el por qué de este regalo, Ana cuidó a su dragón y lo mimó como si fuera un niño. Lo llamó Jade.

Jade dormía con Ana en una litera. Jade se lavaba los dientes por la mañana. Jade se hacía la cama y Jade acompañaba a Ana a la escuela. Los dos paseaban juntos cada día hasta la puerta del colegio. Allí se despedían porque Jade no podía entrar en la escuela. Le habían prohibido la entrada. Ana se quedaba triste y no entendía tal medida. Jade, sin embargo, la despedía siempre con una sonrisa. Él volvía a casa cantando y la esperaba en casa soñando e imaginando cómo iba a ser su regreso a casa. Imaginaba cuentos de princesas, de magos, de héroes y villanos. Sabía que cuando volviera a casa siempre habría una nueva historia que compartir y jugar. Ana salía corriendo de la escuela para llegar pronto a casa. Allí siempre estaba Jade con la puerta abierta, en el porche y con la merienda puesta en la mesa. Ana no dejaba de hablar de todo lo que le había ocurrido en el cole. Sus amigos, sus profesores, sus exámenes, sus notas. Y Jade no entendía ni una palabra de lo que le decía. Pero le asentía con la cabeza y se reía con ella. Ana tampoco entendía sus palabras, pero tampoco le importaba. Se comunicaban con un nuevo lenguaje que inventaron los dos. El idioma del corazón. Más importante que las palabras era el tiempo que pasaban juntos y la empatía que sentían el uno por el otro.

Mientras Ana hacía los deberes, Jade se sentaba en la cama y miraba a través de la ventana. Y veía los pájaros volar, los aviones planear, las hojas revoloteando por el parque...Y su cabeza de dragón pensaba que no había en el mundo más dragones verdes como él. No le entristecía, pero le hacía pensar.

Y en cuanto Ana acababa de estudiar, los dos jugaban a imaginar. Ana se vestía de dragón y Jade era el rey de una eternidad. Y el tiempo se paraba para los dos. Hasta que su madre la llamaba para cenar. Y Ana siempre a regañadientes, bajaba por las escaleras para obedecer a su mamá. Y siempre le preguntaba: Mamá, por qué no puede cenar Jade con nosotros?. Y su madre le contestaba cada noche: Los dragones no pueden cenar en la mesa con la familia porque no saben coger ni el tenedor ni la cuchara.  Ana se conformaba porque sabía que, cuando acabara, Jade estaría arriba esperándola contento.

Los fines de semana, Ana y Jade salían al parque a jugar con más niños. Ana llevaba a Jade siempre con ella. Sus amigos lo integraban como uno más en el grupo y jugaban juntos. La cola de Jade era tan larga que la cogían como una cuerda y saltaban con ella. Otro juego divertido era asustar a los niños escondido tras un arbusto. Otras ocasiones, Jade tiraba fuego por la boca y los niños le tiraban palos al aire para que los quemara.

Y así pasaban los felices días y las buenas horas. Pero un día pasó algo diferente. Un niño nuevo llegó al colegio de Ana. En cuanto vio al dragón se asustó y se fue corriendo. Nadie entendía por qué huía. Al día siguiente, Ana le preguntó que por qué tenía miedo. El niño le contestó: No te parece raro tener un dragón de amigo, que viva contigo, y que juegue con el resto de los compañeros? Fue la primera vez que Ana pensó en ello. No supo contestarle y se fue. De camino a casa fue callada y con la cabeza baja...no sabía por qué, pero esa pregunta le había agitado. Evidentemente no era normal su vida con Jade. Pero a quién le importaba eso? Hasta ese momento nadie le había cuestionado. Ni siquiera su madre...Esa tarde llegó a casa y no le esperaba nadie. El miedo recorrió su cuerpo al verse sola sin Jade. Lo llamó por el jardín y por dentro de casa....pero nadie contestaba. Después de buscar un rato y no encontrar respuesta, fue a su madre para preguntarle a ella. Mamá lo sabía siempre todo. Pero en esta ocasión, no sólo ella no sabía dónde estaba, sino que además, no sabía quién era Jade. Por unos instantes le miró con incertidumbre y asombro por sus preguntas y la búsqueda desesperada de su dragón. Jade es mi hermano pequeño, bueno mayor..bueno, mi hermano! Cómo que nadie lo ha visto nunca? Jade había vivido, había compartido, había jugado con ella desde hacía casi un año! Y ahora todos creen que Ana se ha vuelto loca. Salió a la calle para preguntar a sus amigos. Pero nada. Parecía un sueño. Como si de repente tu vida se esfumara y vivieras una pesadilla. Ana volvió a casa. Se encerró en su habitación y se encerró en sí misma durante unos días...

Jade esperaba que llegara Ana del cole como todas las tardes. Esa tarde había preparado unas tostadas de mantequilla y un chocolate bien caliente. Era invierno y hacía frío en la calle. Por eso pensó que a Ana le vendría bien entrar en calor.

Mientras preparaba la mesa vio pasar un dragón por la puerta de la calle. Primero se asombró de ver a alguien como él. Y rápidamente pensó en que era la ocasión para poder conocer a alguien como él. Por eso salió corriendo en su busca. Le costó dos calles más allá encontrarse con él. Se acercaron los dos primero con desconfianza, y luego, poco a poco, al reconocerse, empezaron a jugar, a dar volteretas, a darse coletazos y a jugar con sus fuegos. Hablaban en su idioma y se entendían. Fue una sensación formidable entenderse con alguien de su tamaño. Su dragón amigo, se llamaba Onix. Y lo más impresionante fue cuando su nuevo amigo Onix agitó las alas y se puso a volar. Jade no sabía a esas alturas para que servían esas alitas que asomaban por la espalda. Así que, tras varios torpes intentos , Jade cogió velocidad y emprendió su primer vuelo hacia el cielo. Era una sensación de libertad imposible de explicar. Jade voló durante horas esquivando nubes y jugando con su amigo Onix. Cuando quiso darse cuenta, no sabía dónde estaba. Le preguntó a Onix por el camino de vuelta a casa y él no supo qué decirle. El miedo empezó a recorrer su cuerpo. Por un momento pensó que nunca más volvería a ver a Ana. Descendió de las alturas para intentar ubicarse y volver a casa. Pero no sabía dónde estaba. A su alrededor sólo habían árboles, lagos, rocas y piedras preciosas. Y cientos de dragones que le miraban con ternura. Durmió varios días seguidos...

Ana soñaba cada noche con Jade y su ternura.

Jade soñaba cada noche con Ana y su dulzura.

Ana no volvió a hablar de Jade con nadie. Creyó que la mejor manera de normalizar era olvidar. Así que durante mucho tiempo no mencionó a Jade.

Jade no podía hablar con nadie de Ana. Los dragones de aquel lugar nunca se acercaban a las personas. No se fiaban de ellas. No podía convencerlos de que una niña hubiera dado sentido a su vida.

Ana creció en el amor y en la amistad. Aprendió a no estar sola. A sentirse acompañada. La compañía de Jade supuso para ella un renacer de emociones, de sentimientos que le hizo fuerte. Jade le enseñó el poder de un dragón. Y se fue cuando tenía que irse....sin despedirse, sin dramas, sin lágrimas. Se fue para dar paso a otras personas en la vida de Ana. Nunca estuvo sola, nunca se sintió sola. Nunca se olvidó de Jade, pero aprendió a vivir sin él.

Jade creció en el amor y en la amistad. Fue una oportunidad para un dragón vivir intensamente con una jovencita. Fue un regalo para Jade poder pasar con ella momentos de cercanía, de amistad, de juego, de compañía...los dragones no conocen este estilo de vida, pero Jade sí. Ana desapareció en el momento más preciso, cuando Jade aprendió a volar. Volar no estaba en sus planes de dragón. Y volar fue su deporte favorito desde aquel día. Desde entonces surca los cielos y esquiva las nubes como si fuera el último día. Nunca se olvidó de Ana, pero aprendió a vivir sin ella.

Anoche fue noche de Reyes. Como todos los años, Jade escribió su carta a los Dragones Mágicos.

Queridos Dragones Mágicos:

Este año quiero pedir algo especial. Dicen mis amigos y mi familia que pronto dejaré de ser dragoncito y pasaré a ser dragón. Entre nosotros, no sé si quiero seguir creciendo. Quisiera volver a ser pequeño, quisiera volver a nacer, quisiera volver a ser. Lejos de esta realidad que me empuja a ser normal. No sé si quiero ser dragón de nuevo...Quiero una nueva oportunidad, una nueva aventura, un nuevo reto. Quiero que me transportéis a otro lugar, a otro tiempo, a otro espacio. Quiero un regalo intangible que nunca pueda olvidar, y que nunca pueda recordar....



Date: Thu, 18 Feb 2016 17:00:06 +0100
Subject: Re: mira lo que he encontrado
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