Mi madre

Escrito por cuentosynanas 10-12-2014 en mi madre. Comentarios (0)

Por último hoy presento otro relato corto..."Mi Madre" (Para un concurso de lactancia materna)


VIAJE HACIA LA INFANCIA por Paco Cantos

Pedro tiene 18 años. Hoy es un día raro. A su alrededor todo sigue siendo como siempre. Pero tiene una extraña sensación. Todo aquello que al amanecer le era agradable, al anochecer le resulta insípido, extraño. 

Por la noche se asoma a la ventana que le ha visto crecer y mira a la luna con recelo. Es como si sus ojos conectaran con su luz, con su forma, con su significado. No con lo que es, sino con lo que debería ser. Pedro cuenta estrellas para poder dormir. Los cuentos de niños ya no le aportan nada nuevo en su vida. Las moralejas son para niños_piensa en voz baja. Las estrellas son infinitas. Por eso no se cansa de hacer su recuento diario. Cree que tras la luz de ellas, se esconde una nueva vida de aventuras, de emociones, de libertad y de infinitas posibilidades. Pedro cree que sus alas están a punto de abrirse para emprender un vuelo a alguna parte. Pedro cree que habrá lugar para él en algún rincón del mundo. Se ha de conformar de momento con conquistar este pequeño mundo. La luna vendrá luego. Y tras esta, cada una de las estrellas que guarda en su memoria. 

Pedro carga con su mochila y emprende su viaje particular. Cree que sonríe pero apenas existe una mueca forzada en su rostro. Con apenas unos cuantos ahorros, coge un tren de tercera. Le  llevará a un lugar colorista, de inciensos y mirras. Esa noche en un vagón sueña con música  de cámara, con bailes de salón, con manjares exquisitos, con destellos de grandeza. Despierta con los rayos del sol de la madrugada. Se asoma a otra ventana que no es la suya. Aún así la acaricia con su mejilla. Afuera campos y campos de trigo. Campos dorados que se extienden hasta el horizonte. No hay nada más. Esa imagen la captura en su memoria. Su álbum tiene ya completa la página 1.

Mientras remueve la cuchara en su tazón de desayuno, recuerda su sueño. Los salones y las grandezas le dan dolor de cabeza. Ha llegado a la última estación. El tren se detiene y Pedro baja con su mochila. Aquel lugar colorista y mágico deja paso a un paisaje gris y desolado. Es el último pasajero. Tras él el sonido de una campana que anuncia el fin de un trayecto.  Pedro busca  entre el vacío, contenido. Se esfuerza en completar la segunda página con alguna imagen bella. Puede que entre tanta nada encuentre algo que le llene de vida, de sentido, que le ayude a encontrar  sus recuerdos olvidados.  

Entre toda aquella maraña de nada, y apartando fragilidades y complejos, asoma una flor roja. Es pequeña. Pero es roja. Hasta ese momento no apreciaba la grandeza y el poder del color rojo. Se acerca a ella. La mira. Página 2. Piensa en arrancarla y llevársela a casa. Pero de repente, sabe que no puede irse con ella. Sabe que alguien más irá a verla. Sabe que alguien detrás de él querrá conocerla. Flores hay cientos de miles_piensa. Pero ninguna como esa.

De camino de vuelta a casa sueña con campos de flores. Inmensidades de campos de colores. Pero de entre todas los millones de flores que sueña, solo una es roja.

De alguna manera, sabe que el viaje no ha terminado. Tiene la esperanza de que algo le espera cuando llegue a casa. No le pone nombre, ni imagen. Pero es lo más grande. 

Abre la puerta y se encuentra con su madre. Allí está ella. En el salón despierta. Acurrucada en el sillón pero esperando que se abra la puerta. La envuelve una manta roja. Cuando Pedro entra en casa se da cuenta que el sillón, que aquella manta, que su madre siempre estuvieron allí en su infancia. Se acerca a ella y la abraza. En ese segundo eterno siente como su madre lo aprieta contra su pecho. Y esa sensación de bienestar, de calor y paz es lo que le lleva a recordar de golpe todo lo que había olvidado en su adolescencia. 

Pedro recuerda el pecho de su madre y sabe que le alimentó y le dio la vida. Ya no hay más viajes. Ni más fotografías. 

Página 3: Mi madre.