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Ana y el dragón

Escrito por cuentosynanas 19-02-2016 en ana. Comentarios (0)

Ana y el dragón


Anoche fue noche de Reyes. Como todos los años, Ana escribió su carta a los Reyes Magos.

Queridos Reyes Magos:

Este año quiero pedir algo especial. Dicen mis amigos y mi familia que pronto dejaré de ser niña y pasaré a ser mayor. Entre nosotros, no sé si quiero crecer. De niña me siento bien. Aún quiero seguir soñando y jugando a ser princesa, jugar con mis muñecas, jugar con mis amigos en el patio....Qué me espera cuando sea mayor? Tendré que ir sola al colegio, ayudar en casa, estudiar más...responsabilidades. Por eso este año quiero algo especial. No sé si será el último año en el que os acordaréis de mí. Y quiero algo que nunca pueda olvidar. Os dejo a vuestra elección un regalo para mí. Me conocéis desde que nací. Me habéis seguido desde siempre y nunca os habéis equivocado. Sé que este año tampoco lo haréis. Pero la diferencia es que este año no pido, sólo recibo. A vuestra disposición, siempre, ANA.

A la mañana siguiente, Ana se despertó pronto para ir corriendo a abrir su regalo, su misterioso tesoro. Cuando llegó al árbol había una caja de cartón sencilla sin envoltorio ni lazo. Estaba medio abierta y se movía. Se acercó algo asustada y cuando se asomó, vio un pequeño dragón verde que le miraba con ternura. Lo agarró con cuidado para no dañarlo y lo apretó contra su pecho. Tenía el tamaño de un bebé de 4 meses. En seguida fue a la cocina y le preparó un biberón. El dragón se lo bebió de un trago. A partir de este día empieza la historia de Ana y su dragón.

Aun no entendiendo el por qué de este regalo, Ana cuidó a su dragón y lo mimó como si fuera un niño. Lo llamó Jade.

Jade dormía con Ana en una litera. Jade se lavaba los dientes por la mañana. Jade se hacía la cama y Jade acompañaba a Ana a la escuela. Los dos paseaban juntos cada día hasta la puerta del colegio. Allí se despedían porque Jade no podía entrar en la escuela. Le habían prohibido la entrada. Ana se quedaba triste y no entendía tal medida. Jade, sin embargo, la despedía siempre con una sonrisa. Él volvía a casa cantando y la esperaba en casa soñando e imaginando cómo iba a ser su regreso a casa. Imaginaba cuentos de princesas, de magos, de héroes y villanos. Sabía que cuando volviera a casa siempre habría una nueva historia que compartir y jugar. Ana salía corriendo de la escuela para llegar pronto a casa. Allí siempre estaba Jade con la puerta abierta, en el porche y con la merienda puesta en la mesa. Ana no dejaba de hablar de todo lo que le había ocurrido en el cole. Sus amigos, sus profesores, sus exámenes, sus notas. Y Jade no entendía ni una palabra de lo que le decía. Pero le asentía con la cabeza y se reía con ella. Ana tampoco entendía sus palabras, pero tampoco le importaba. Se comunicaban con un nuevo lenguaje que inventaron los dos. El idioma del corazón. Más importante que las palabras era el tiempo que pasaban juntos y la empatía que sentían el uno por el otro.

Mientras Ana hacía los deberes, Jade se sentaba en la cama y miraba a través de la ventana. Y veía los pájaros volar, los aviones planear, las hojas revoloteando por el parque...Y su cabeza de dragón pensaba que no había en el mundo más dragones verdes como él. No le entristecía, pero le hacía pensar.

Y en cuanto Ana acababa de estudiar, los dos jugaban a imaginar. Ana se vestía de dragón y Jade era el rey de una eternidad. Y el tiempo se paraba para los dos. Hasta que su madre la llamaba para cenar. Y Ana siempre a regañadientes, bajaba por las escaleras para obedecer a su mamá. Y siempre le preguntaba: Mamá, por qué no puede cenar Jade con nosotros?. Y su madre le contestaba cada noche: Los dragones no pueden cenar en la mesa con la familia porque no saben coger ni el tenedor ni la cuchara.  Ana se conformaba porque sabía que, cuando acabara, Jade estaría arriba esperándola contento.

Los fines de semana, Ana y Jade salían al parque a jugar con más niños. Ana llevaba a Jade siempre con ella. Sus amigos lo integraban como uno más en el grupo y jugaban juntos. La cola de Jade era tan larga que la cogían como una cuerda y saltaban con ella. Otro juego divertido era asustar a los niños escondido tras un arbusto. Otras ocasiones, Jade tiraba fuego por la boca y los niños le tiraban palos al aire para que los quemara.

Y así pasaban los felices días y las buenas horas. Pero un día pasó algo diferente. Un niño nuevo llegó al colegio de Ana. En cuanto vio al dragón se asustó y se fue corriendo. Nadie entendía por qué huía. Al día siguiente, Ana le preguntó que por qué tenía miedo. El niño le contestó: No te parece raro tener un dragón de amigo, que viva contigo, y que juegue con el resto de los compañeros? Fue la primera vez que Ana pensó en ello. No supo contestarle y se fue. De camino a casa fue callada y con la cabeza baja...no sabía por qué, pero esa pregunta le había agitado. Evidentemente no era normal su vida con Jade. Pero a quién le importaba eso? Hasta ese momento nadie le había cuestionado. Ni siquiera su madre...Esa tarde llegó a casa y no le esperaba nadie. El miedo recorrió su cuerpo al verse sola sin Jade. Lo llamó por el jardín y por dentro de casa....pero nadie contestaba. Después de buscar un rato y no encontrar respuesta, fue a su madre para preguntarle a ella. Mamá lo sabía siempre todo. Pero en esta ocasión, no sólo ella no sabía dónde estaba, sino que además, no sabía quién era Jade. Por unos instantes le miró con incertidumbre y asombro por sus preguntas y la búsqueda desesperada de su dragón. Jade es mi hermano pequeño, bueno mayor..bueno, mi hermano! Cómo que nadie lo ha visto nunca? Jade había vivido, había compartido, había jugado con ella desde hacía casi un año! Y ahora todos creen que Ana se ha vuelto loca. Salió a la calle para preguntar a sus amigos. Pero nada. Parecía un sueño. Como si de repente tu vida se esfumara y vivieras una pesadilla. Ana volvió a casa. Se encerró en su habitación y se encerró en sí misma durante unos días...

Jade esperaba que llegara Ana del cole como todas las tardes. Esa tarde había preparado unas tostadas de mantequilla y un chocolate bien caliente. Era invierno y hacía frío en la calle. Por eso pensó que a Ana le vendría bien entrar en calor.

Mientras preparaba la mesa vio pasar un dragón por la puerta de la calle. Primero se asombró de ver a alguien como él. Y rápidamente pensó en que era la ocasión para poder conocer a alguien como él. Por eso salió corriendo en su busca. Le costó dos calles más allá encontrarse con él. Se acercaron los dos primero con desconfianza, y luego, poco a poco, al reconocerse, empezaron a jugar, a dar volteretas, a darse coletazos y a jugar con sus fuegos. Hablaban en su idioma y se entendían. Fue una sensación formidable entenderse con alguien de su tamaño. Su dragón amigo, se llamaba Onix. Y lo más impresionante fue cuando su nuevo amigo Onix agitó las alas y se puso a volar. Jade no sabía a esas alturas para que servían esas alitas que asomaban por la espalda. Así que, tras varios torpes intentos , Jade cogió velocidad y emprendió su primer vuelo hacia el cielo. Era una sensación de libertad imposible de explicar. Jade voló durante horas esquivando nubes y jugando con su amigo Onix. Cuando quiso darse cuenta, no sabía dónde estaba. Le preguntó a Onix por el camino de vuelta a casa y él no supo qué decirle. El miedo empezó a recorrer su cuerpo. Por un momento pensó que nunca más volvería a ver a Ana. Descendió de las alturas para intentar ubicarse y volver a casa. Pero no sabía dónde estaba. A su alrededor sólo habían árboles, lagos, rocas y piedras preciosas. Y cientos de dragones que le miraban con ternura. Durmió varios días seguidos...

Ana soñaba cada noche con Jade y su ternura.

Jade soñaba cada noche con Ana y su dulzura.

Ana no volvió a hablar de Jade con nadie. Creyó que la mejor manera de normalizar era olvidar. Así que durante mucho tiempo no mencionó a Jade.

Jade no podía hablar con nadie de Ana. Los dragones de aquel lugar nunca se acercaban a las personas. No se fiaban de ellas. No podía convencerlos de que una niña hubiera dado sentido a su vida.

Ana creció en el amor y en la amistad. Aprendió a no estar sola. A sentirse acompañada. La compañía de Jade supuso para ella un renacer de emociones, de sentimientos que le hizo fuerte. Jade le enseñó el poder de un dragón. Y se fue cuando tenía que irse....sin despedirse, sin dramas, sin lágrimas. Se fue para dar paso a otras personas en la vida de Ana. Nunca estuvo sola, nunca se sintió sola. Nunca se olvidó de Jade, pero aprendió a vivir sin él.

Jade creció en el amor y en la amistad. Fue una oportunidad para un dragón vivir intensamente con una jovencita. Fue un regalo para Jade poder pasar con ella momentos de cercanía, de amistad, de juego, de compañía...los dragones no conocen este estilo de vida, pero Jade sí. Ana desapareció en el momento más preciso, cuando Jade aprendió a volar. Volar no estaba en sus planes de dragón. Y volar fue su deporte favorito desde aquel día. Desde entonces surca los cielos y esquiva las nubes como si fuera el último día. Nunca se olvidó de Ana, pero aprendió a vivir sin ella.

Anoche fue noche de Reyes. Como todos los años, Jade escribió su carta a los Dragones Mágicos.

Queridos Dragones Mágicos:

Este año quiero pedir algo especial. Dicen mis amigos y mi familia que pronto dejaré de ser dragoncito y pasaré a ser dragón. Entre nosotros, no sé si quiero seguir creciendo. Quisiera volver a ser pequeño, quisiera volver a nacer, quisiera volver a ser. Lejos de esta realidad que me empuja a ser normal. No sé si quiero ser dragón de nuevo...Quiero una nueva oportunidad, una nueva aventura, un nuevo reto. Quiero que me transportéis a otro lugar, a otro tiempo, a otro espacio. Quiero un regalo intangible que nunca pueda olvidar, y que nunca pueda recordar....



Date: Thu, 18 Feb 2016 17:00:06 +0100
Subject: Re: mira lo que he encontrado
From: esterhelo@yahoo.com
To: cantossolaz@hotmail.com


Sambori 2016

Escrito por cuentosynanas 30-12-2015 en sambori. Comentarios (0)

El nuvol que no podia plorar

Tots els nuvols plouen de tant en tant.

Però el meu nuvol mai a plogut encara.

Els experts diuen que no és normal

Però jo sé que el meu nuvol plourà.

Hui l'he tret a passetjar. Fa un dia clar.

Al meu nuvol no l'agraden els dies clars perquè no hi han companys.

El meu millor amic em dóna una ceba perquè plore...però només esternuda.

Ma mare em diu que li cante una cançó...pero ell s'adorm.

Mon pare em diu que li faça cosquerelles...però només sonriu.

El iaio m'ha dit que li faça banys d'espuma..però ell nomès fa pompes.

Hui és el meu primer dia d'escola. Ja tenia ganes d'anar-hi. I el meu nuvol s'ha quedat darrere de la porta trist. Hui, per primera volta, ha plorat en el saló.

Demà ja no esperarà dins de casa perquè tinc parquet. Demà, com ja és normal, al cél.

Demà diuen que plourà.


Halloween

Escrito por cuentosynanas 21-08-2015 en halloween. Comentarios (0)

Mi nuevo cuento se llama Halloween (o cómo mirar al cielo y coger un pergamino)

La banda sonora ya está disponible así como el audiocuento en el bandcamp de abril del 76

Espero que os guste!



Halloween fue siempre un país.

 Primero fue una aldea, hasta que poco a poco fue creciendo. Sus pequeños muros empezaron a hacerse grandes y más fuertes. Poco a poco el niño que tenía dentro se fue haciendo adulto. Y Halloween pasó a ser una gran ciudad. Con Castillos, con reyes, con reinas y con príncipes y princesas. Los sapos emigraron porque las princesas ya no querían besarlos. Buscaron otras charcas y caminos donde les pararan, les conocieran y quizá, les besaran. La magia desapareció de Halloween.

 Todo estaba gobernado, legislado y más que teorizado. Todos los habitantes se llamaban por un número de registro. El 1/54 o el 4/46...

Entre aquella falta de locura y tanta cordura, nació un bebé.

 En principio no tenía nada de especial. Lloraba como los demás, tomaba biberón y llevaba pañal como todos los demás. Pero algo le hacía especial. Era hija de una chica normal, de familia normal...pero algo le hacía especial. Vivía en una pequeña casita normal...pero algo le hacía especial.

En el registro le pusieron 345674/2345. Pero su madre la llamaba Elena María de Ares y Adriana. Eso le hacía especial.

 Menuda osadía poner nombre a una niña. Adriana (como ella quiso siempre llamarse y nadie le llamó) lo ocultaba como un secreto y como un tesoro. Estaba convencida de que, en el futuro, tener nombre, le serviría para conseguir lo que ella quisiera.

 Elena creció con nombre. En el anonimato, de paredes adentro, pero sintió su nombre como un regalo de su madre. Ella, y como un juego, a menudo llamaba a su madre Adriana y su madre Siempre le decía que bajara la voz, pero lo hacía con una sonrisa que le llenaba la cara de vida.

Elena creció sintiéndose única. Y Adriana lo sabía.

 Un día de verano, la guardia real llamó a su puerta, y se llevó a Adriana para ser juzgada. Elena la esperaba con la puerta medio abierta, esperaba que su querida Adriana volviera. Pero Adriana fue juzgada y encerrada por poner nombre a una inocente niña. Y la niña se quedó sola, con nombre, pero sola.

 Un día de invierno, aburrida de contar minutos y segundos, Elena cogió un libro de la biblioteca de su madre. Le llamó la atención su lomo grueso y añejo. En la portada se leía “Truco-Trato”. Le hizo gracia el juego de las trabadas y empezó a leer...

 “Hace muchos , muchos , muchísimos años, existió un país grande no, gigante, cuyos muros alcanzaban el cielo, las torres llegaban hasta las estrellas y los cimientos llegaban hasta el centro de la tierra. Allí vivían encerrados todos los habitantes de un país seguro. Sus gentes disfrutaban de esa seguridad como un don divino: no entraban enemigos, ni extranjeros, ni había opción de perderse por un gran bosque.

 Cuatro paredes. Todos eran felices. Vivían exactamente 60 personas felices: Vivía el rey Uno, la reina Dos, los príncipes Tres y Cuatro y la princesa Cinco. Ellos eran la considerada Monarquía,el resto hasta llegar a 59 no eran más que números más o menos felices.

 El número 60 era una niña traviesa y muy lista. Con la felicidad que la caracterizaba, salía cada mañana de su casa a dar una vuelta por el patio grande, entre las famosas cuatro paredes. Andaba mirando siempre hacia arriba, buscando entre los muros un trozo de cielo azul para disfrutar de su color.

 A veces, y con mucha suerte, podía divisar el vuelo de algún pajarillo en libertad. Lo seguía con la cabeza hasta que desaparecía tras uno de los muros de su gran castillo. Ese día fue diferente porque aquel pajarillo dejó caer un manuscrito enrollado. 

 60 lo cogió con asombro y lo abrió. En él decía lo siguiente: “Mi nombre es Truco. Soy brujo. Quieres cruzar estas paredes rudas y aburridas y correr en esta mi pradera  colorida? Sólo tienes que decir tres veces “Trato, trato, trato”.

 60 repitió en seguida las tres palabras en alto, sin pensarlo ni  dudarlo. Apareció como por arte de magia en la otra parte del muro y, delante de ella, se divisaba un gran prado verde con flores de todos los colores.

 Empezó a correr tan rápido como pudo y ha entrelazarse con las flores y con las mariposas. Después de un rato revoloteando, cayó exhausta en la yerba y miró al cielo. Ese día comprendió que el cielo era inmenso.

 Siempre había creído que los muros y las piedras eran inalcanzables,

pero al ver el cielo, se dio cuenta que no había visto nada parecido nunca. Ese día le cambió la vida.

 Una voz profunda la llamó Elena. Se giró como si de ella se tratara y, aunque jamás nadie le había llamado así, sabía que era su nombre: Elena.

 Elena, que estaba leyendo este cuento, sonrió asombrada ante esta casualidad. Primero los muros, y luego su nombre. Pero... las casualidades no existen, le decía siempre su madre.

 Elena, la protagonista del cuento, miró hacia atrás y allí estaba Truco, un brujo de cuento que le tendió la mano.

Ella le agarró fuerte y se levantó.

 -¿Cómo has conseguido que traspase la fortaleza de esos muros que me tienen presa?

 -Soy brujo, tengo mis pequeños trucos...

 -¡¡Grandes, querrás decir!!-dijo Elena.

 -Bueno depende por dónde lo mires...Para mí sólo fueron tres palabras.

 -¡Ya!, ¡¡¡pues para mí ha supuesto una nueva vida !!!-dijo Elena emocionada.

 -Elena, tenemos una misión. Debemos hacer que las personas que allí viven, miren al cielo. De esa manera todos y cada uno de ellos podrán recibir el pergamino caído del cielo y repetir las tres palabras que les hará libres.

 Elena le contestó con cierta duda.

 -Allí nadie mira el cielo porque es pequeño. Los muros son muy altos.  ¿Cómo vamos a derribar esos pesados muros? ,¿Algún truco?

 -No puedo obligar a nadie -Le dijo Truco.

 -Sólo puedo mandar señales.

 -¡Síiiii! ¿ Y qué señal vas a mandar?-Le preguntó Elena entusiasmada.

 -¿Y si encendiéramos una luz gigante y cegadora?

 -¿El sol!?-preguntó nerviosa Elena -Dicen que es una gran estrella que alumbra por las mañanas.

 -Yo pensé en una bombilla, pero ahora que lo dices, ¡es una gran idea!

 -Toma esta hoja y estos colores. Dibuja el sol encima de esas cuatro paredes y  yo haré el resto.

Pero Elena nunca había visto al sol y se lo dijo.

 -Elena, mira allí, al final, tras ese árbol frutal.

 Elena se fijó en él y se quedó con la boca abierta. Era mucho más bonito de lo que nunca había imaginado. Cogió lápiz y se puso a dibujarlo.

 Cuando acabó de dibujar todo el resplandor del sol y las cuatro paredes con las que había convivido hasta hoy, Truco acercó sus manos al dibujo y el sol empezó a moverse hasta colocarse justo encima de aquella fortaleza. El sol bajó tanto, tanto, que las personas que allí vivían quedaron deslumbradas al mirar el cielo. Todos aquellos que vivían a pie de calle salieron para quedar cegados por la inmensidad de aquella luz misteriosa y embriagadora.

 Mientras miraban hacia arriba, empezaron a caer pergaminos del cielo y cada uno de ellos fue recogiendo uno y leyéndolo en voz alta. Y uno a uno fueron desapareciendo de aquel lugar y apareciendo en el prado colorido. Todos excepto la familia real, que, como vivían entre tanta riqueza y sombra, nunca miraron hacia el sol. Aquel lugar quedó prácticamente desierto con tan sólo 5 habitantes ricos pero seguros.

 Todos los demás habitantes llegaron al prado de los colores y de las inseguridades. Y con la magia de la incertidumbre, con Elena, con Truco y con todas sus ilusiones, empezaron una nueva vida.

 Lo primero, fue ponerse nuevos nombres, y lo segundo, aprender a vivir con una sonrisa en la cara. Esa sonrisa que dibujó Elena a cada uno de ellos en su dibujo mágico.

 Elena cerró el libro y lo deslizó lentamente por las piernas. Mientras el libro caía, su cabeza empezó a interpretar la historia que había leído y buscaba una estrategia para recuperar a su madre y devolver a Halloween la ilusión y la alegría con la que empezó cuando era tan sólo una pequeña aldea.

 Entonces, escuchó una orquesta en su cabeza con sus secciones de viento, cuerdas y percusión, una marcha triunfal que la llevaba a salir de ella misma. Con esa decisión, salió corriendo por la puerta en busca del cielo. Y mirando hacia arriba, vio cómo caía, cual un paracaídas, un pergamino enrollado y atado con un lazo rojo. Alzó los brazos y lo arropó contra su pecho. En su interior una voz gritó ¡Graciassssss!! Era la voz de la desesperación que por fin, a lo lejos, podía ver la luz de la esperanza.  Aunque sabía lo que ponía el pergamino, lo leyó lentamente: "Pronuncia tres veces seguidas las palabras mágicas que te acercarán a la libertad: Trato, trato,trato"

 Pensó que aparecería  como por arte de magia en un prado verde,pero, no ocurrió nada de eso. Simplemente se dio la vuelta y tras de ella se le presentó el mago Truco. Un ancianito enjuto y alto que le acercó su mano y la cogió con fuerza.  Elena sintió cómo  la magia del mago la traspasaba. Una sensación de inmortalidad la colmó y sintió una fuerza especial que la transformó. Truco se marchó sin más. No le dijo palabra alguna. Desapareció.

 Elena corrió tan rápido como pudo dirigiéndose al castillo donde le esperaba su madre. Adriana la esperaba. Sabía que Elena la salvaría de las garras de la soberbia y la indiferencia. La esperaba en el único rincón de la celda por el que veía una pequeña ventana que le alumbraba los días lentos y aburridos. Y mientras miraba hacia arriba, un pergamino pequeño y enrollado cayó en sus manos.

 Lo abrió tan rápido como supo y leyó en voz alta: “Trato, trato, trato”. Y sin más, se vio abrazada a quien más quería: su querida y especial Elena.

Las dos esperaron un rato a hablarse. Sobraban las palabras. Ese abrazo era lo que estaban esperando desde hacía mucho tiempo. Un abrazo largo.

 

 Cuando por fin Elena pudo hablar,  dijo a Adriana:

 -Volvamos a casa!

 Adriana contestó:

 -No, espera. Aún no hemos acabado. Esto solo ha empezado.

 -¿Pero qué es lo que hemos empezado?  Ya estás fuera, eres libre. Volvamos a casa.

 -No, Elena. Hay tanta gente atrapada allá adentro, salvemos a cada una de ellas.

 -Y ¿ cómo vamos a hacerlo? -Le preguntó Elena.

 -Tú tienes el poder, tienes la magia. Seguro que sabes cómo hacerlo.

 Elena se miró a sí misma y vio que era pequeña, pero a pesar de su estatura, tenía el don de cambiar las cosas, así que se concentró y la magia que tenía dentro empezó a actuar alrededor de ella: Los muros que encerraban la gran ciudad empezaron a bajar , el sol iluminó con más intensidad que nunca Halloween, y la frialdad de sus habitantes empezó a derretirse poco a poco.

 La gente salió a las calles para disfrutar de aquella sensación de calor y empezaron a hablar entre ellos. Se reunían en las puertas de sus casas y se saludaban y poco a poco dejaron de llamarse por un número y se pusieron nombres. E inventaron las ventanas como un derecho de ver el cielo y de que el sol entrara en cada habitación.

 Y volvió la magia. Y las princesas volvieron a besar sapos, y los tronos pasaron a ser un juego de niños. Y todo ello en apenas unos minutos... Tantos años construyendo un reino y en tan poco tiempo pasó a ser un pueblo...

Adriana y Elena volvieron a casa felices, cogidas de la mano. No se separaban. Y cuando entraron en el salón de casa, Elena buscó el libro, aquel viejo libro que le devolvió la vida, para leérselo a su madre. Pero ya no estaba. Por arte de magia alguien lo hizo desaparecer. O bueno... quizá apareciera en otra casa. Puede que lo tenga alguien que lo necesite en otra ciudad o... puede que... lo tengas tú en el salón...


El lobo que miraba las estrellas

Escrito por cuentosynanas 14-05-2015 en el lobo. Comentarios (0)

Nuevo cuento para la obra de teatro final de curso del Ceip 8 de abril...ya estamos con los ensayos!!

EL LOBO QUE MIRABA  LAS ESTRELLAS

Hoy es el día mundial del cuento. En la casa de chocolate se han reunido algunos de los personajes de cuento más famosos. Coordina el acto el cazador de Caperucita. En esta reunión se supervisa cómo están, cómo se encuentran y qué necesidades pueden tener los personajes de cuentos después de un año de duro trabajo interpretando escenas y corriendo muchos peligros. Hoy están allí presentes Hansel, los tres cerditos, caperucita, el lobo, algún enanito, la abuelita y....bueno, no cuento nada más...por deformación profesional tiendo a relatar cualquier cosa como si de un cuento  se tratara...empieza la función.

(barullo)

Cazador: orden!!!!! (golpea con la maza) orden!! de uno en uno por favor!! no entiendo nadaaaa!!!

Alicia: Eso les digo! Que no griten! Así no nos vamos a entender...

Caperucita: Qué mal huele! No miro a nadie!!

Cerdito mayor: Ya está! Siempre lo mismo! Cuando huele mal es un cerdo no?

Cerdito pequeño: Yo me duché hace 1 mes! A mí que no me mire nadie

Cerdito mediano: Nos tienen envidia porque somos estrellas de cuento!

Caperucita: Comoooooo??? envidia?? para nada cerdito!! Yo soy mucho más famosa que tú! Soy una auténtica heroína..las niñas me adoran

Princesa: Y a mí tambien ehhhh?? acaso no véis cómo las niñas siempre quieren ser princesas? Adoran mis abalorios y mis detalles sencillos...

La abuela: Bueno, bueno Caperucita...no seas tan engreída. Los niños te adoran porque eres una niña humilde y confiada..nunca te olvides de esto.

Enanito: Podemos centrarnos un poco en la reunión? No hemos venido aquí para demostrar nada. Estamos aquí para no perder el horizonte y no perder nuestras raices.

Cazador: Gracias! Por fin alguien que pone orden en esta reunión. Estamos aquí para preservar nuestras vidas, nuestras historias...para que generación tras generación nos conozcan y acompañemos a los niños toda la vida.

Bruja: Pues entonces dejadme decir que quiero reivindicar una nueva imagen para las brujas. Siempre vamos de negro y somos feas y muy malas. Y nos hacen usar una escoba que vuela para ir de un lado a otro, con lo que eso marea!

Lobo: Yo también estoy un poco cansado de ser siempre el malo...los niños se asustan cuando grito, cuando soplo o cuando llamo a la puerta (se oye un toc, toc , toc y todos gritaaan) Véis? Eso siempre pasa desde que llamo a las puertas.

Alicia: ¿Quién llama a estas horas? Falta alguien? Será una tetera? Serà una taza?

Cazador: No hay nadie más citado a esta reunión.

Abuelita: ¿Abro?

Caperucita: No abras abuela, a ver si te va a pasar algo...

Enanito: Déjalo, ya voy yo!!

(Se abre la puerta y entra Lucía)

Lucía: Hola a todos (lo dice con un poco de vergüenza)

Todos: Hola (con recelo)

Caperucita: ¿Quién eres?

Lucía: Soy Lucía, una niña de 6 años con una historia.

Enanito: Ninguno de nosotros te conocemos. ¿Qué haces aquí? ¿En qué te podemos ayudar?

Lucía: Veréis...no sé por dónde empezar...

Caperucita: Desde el principio! Nos encantan los cuentos! Somos cuentos!

Lucía: Yo quería que nevara en mi habitación...y creé una máquina para hacer nieve. Pero no funcionaba. Hasta hice una canción!!!. De repente aparecí en un desguace y allí encontré a unos grandes amigos que me ayudaron a dar sentido a la Navidad. Y juntos nos adentramos en una espiral fantástica que nos trajo de nuevo a la vida normal. Y desde entonces conseguimos que nieve en cada habitación de cada rincón del mundo!!!

Lobo: Bravooo!! qué maravilla!! qué cuento más bonito...

Lucía: Sí lo es. 

Abuelita: Y a qué has venido jovencita?

Lucía: Pues quiero formar parte de vuestras vidas y de todas las generaciones venideras. No quiero caer en el olvido!! quiero que cada niño conozca este nuestro cuento.

Cazador: Verás Lucía...para formar parte de nuestra organización has de ser famosa...y, perdona mi atrevimiento, creo que tú aún no lo eres.

Lucía: Sí lo soy! Los niños me quieren! Hice que nevara en sus habitaciones!

Cazador: Sí, es cierto. Pero sólo eres famosa en el cuento. Fuera de él, nadie te reconoce.

Lucía: ¿Qué he de hacer para formar parte de la vida de los niños?

Abuelita: Eres muy joven...nosotros empezamos como tú. Y después de muchos hemos llegado hasta aquí. Tendrás que esperar a que los adultos cuenten tu historia a los más pequeños. Quizá si vuelves dentro de 100 años lo hayas conseguido.

Lucía: No creo que pueda esperar tanto...

Cerdito: No seas impaciente! Sabes cuantas veces he tenido que correr delante del lobo?!

Princesa: Sí eso, sabes cuantos principes he tenido que encontrar y besar para estar hoy aquí y ser famosa?

Caperucita: Y las veces que me ha tragado este lobo!!

Lobo: Oye!! que a mí no me gustas ehhh!! no sabes nada bien!

Abuelita: Y las veces que he tenido que oir lo de : “Abuelita que ojos más grandes tienes”

Lucía: Estáis cansados de hacer siempre lo mismo!! Lo noto en vuestros comentarios! Ya es hora de que déis paso a las nuevas generaciones! Los niños del mundo tienen nuevos cuentos que contar y que inventar!!

Todos menos Lucía: No digas esa palabraaaaaaa!!!!!!

Lucía: ¿Cuál? Inventar?

Todos menos Lucía: Nooooooooooooooooooooooooooooo digasssssssssssssssss esa palabraaaaaaaaaaaaaaa!!

Lucía: Anda! Tenéis miedo de que se escriban nuevos cuentos!! Por eso no queréis que forme parte de vuestro grupo!! Tenéis miedo a que os quiten la fama!

Bruja: No es cierto (titubea..) es que...es que...mientras sigan contando nuestras historias estaremos presentes en la vida de todos los niños! 

Lucía: Pero ha de haber sitio para todos! Los niños ya no se creen eso de que el lobo se trague a la abuelita o se coma 7 cervatillos...o que las bruja tenga que envenenar a jóvenes inocentes y buenas! Hoy en día esas cosas no gustan. Los niños quieren escuchar cuentos de amistad, de amor, de esperanza..de un mundo mejor!!!

Caperucita: Nos quieres apartar!!!!

Lucía: Noooooo!!! quiero formar parte de vuestras vidas...y de la de todos los niños! Juntos podemos hacerlo!!

Cazador: ¿pero cómo vamos a hacerlo? No podemos cambiar ya nuestras historias. Están en las vidas de todos los niños, jóvenes y adultos...

(Suenan 12 campanadas)

Lucía: ¿Qués es eso?

Cazador: Son las campanadas del cierre de la edición de este año. Cuando suene la última habremos acabado.

Lucía: Nooooooo!!! hemos de hacer algo!!

Abuelita: No hay tiempo ya

Lucía: Lo tengo!! antes de que acabe la última campanada contaremos un cuento juntos. Pararemos el tiempo y lo cambiaremos todo juntos!!!

Enanito: ¿Cómo vamos a parar el tiempo?

Lucía: Diciendo las palabras mágicas!

Cazador: En nuestros cuentos no hay palabras mágicas!

Lucía: Érase una vez...

Las campanadas se detienen y todos los personajes se quedan estáticos. Sólo Lucía que ha pronunciado las palabras mágicas parece que se mueve y puede hablar. Se dirige a los niños y les pregunta si pueden oirla. Les cuenta lo que va a hacer. Va a inventarse un cuento en el que aparezcan todos esos personajes y ella también. De esa manera podrá formar parte del clan de los cuentos populares. Les pregunta a ellos cosas de los personajes, o cosas que puede cambiar de ellos. Harán un cuento entre todos y le permitirá formar parte  del grupo...empieza el cuento:

Érase una vez, en un bosque profundo, un día cualquiera de la vida de cualquiera, un lobo mirando a la luna y a las estrellas en una noche calurosa de verano...Las mira con dulzura y les silba canciones bonitas. Sabe que nunca le responderán, pero se ha convertido en un rito, en una necesidad. Cada noche, con sigilo se acerca a ellas y las contempla. Ve en ellas la luz y la grandeza de una madre, de unos hermanos, de unos hijos. Cuando era pequeño, su mamá loba siempre le contaba cuentos de lunas y estrellas. Le ayudaba a soñar.

 Aquella noche se le sumó a su contemplación tres curiosos hermanos. Eran cerditos. Por allí paseaban después de haberse comido una tarta cada uno. Se acercaron al lobo y le indagaron por su presencia. Cuando les contó su historia con la luna y las estrellas, los cerditos se rieron de él. Aún así el lobo no le dio importancia y siguió allí quieto. Ellos, al verlo tan convencido decidieron sentarse a su lado. Pasaba por allí un enanito que volvía de un día duro de trabajo. Al ver a los cerditos y al lobo mirando las estrellas decidió sentarse junto a ellos. Al poco rato la bruja perseguía a la princesa para darle un escobazo. La princesa le dice que pare un instante, que hay un lobo mirando a la luna. Se acercan y se sientan al lado. Caperucita acompaña a la abuelita de vuelta casa. Ven la escena y Caperucita grita de miedo al ver al lobo. Todos se giran menos el lobo. Le dicen que no grite y que se siente. Aparece el cazador nervioso por los gritos. Pero todos le dicen que calle y que se siente. Él confuso y sin entender muy bien por qué, se sienta a contemplar la noche. Alicia que seguía desorientada la ruta del conejo se para ante tal escena. Después de su aventura, no le sorprende que un lobo, tres cerditos, una bruja o una princesa contemplen juntos las estrellas en el cielo. Lucía está buscando  piezas para completar un rompecabezas. Se acerca curiosa y les pregunta. Ellos le dicen que miran las estrellas y la luna. El lobo le cuenta que le relaja y le ayuda a descansar y  a soñar. El lobo también le cuenta la leyenda de que cada 1000 años, una estrella baja para ser acariciada. Quien pueda hacerlo será portador de un deseo. Lucía le pregunta por la fecha. Coincide que, esa noche, es la noche mil desde la última bajada de una estrella. Todos están nerviosos porque van a poder pedir un deseo. Esperan nerviosos a que baje la estrella. Juntos estiran la mano para acariciar una punta. Lucía pregunta uno a uno por su deseo.

Cerditos: Hemos deseado tener un castillo fuerte y grande que no se derrumbe por el viento!

Caperucita: Yo he pedido no perderme más por el bosque y encontrar siempre el camino de vuelta a casa

Abuelita: Yo he pedido poder correr y no cansarme nunca

Cazador: Y yo paz y tranquilidad..y un sofá para descansar

Enanito: Mi deseo es tener vacaciones y poder bañarme en la playa

Alicia: Yo quiero un mundo normal …con principio y con final

Bruja: Yo he pedido ser buena y viajar en primera 

Princesa: Yo he pedido ser maestra y enseñar a los niños el camino de la felicidad

Lobo: Yo, yo, yo deseo una familia a la que poder querer y cuidar... (Salen a escena los lobitos y los abraza). Es verdad Lucía! Lo hemos conseguido! Nuestros deseos se han cumplido...y tú que has pedido?

Lucía: Que vuestros deseos se hicieran realidad...sé que sólo así de esta manera, formaré parte de este nuestro cuento ya popular.


Trobada musical

Escrito por cuentosynanas 24-03-2015 en trobada. Comentarios (0)

El día 23 de abril he de preparar y organizar un acto musical ante varios colegios de la zona de Camp de Tùria. Una trobada musical que acabará con un pequeño show para alrededor de 300 alumnos de Primaria y Secundaria. Es un reto ya que, en 45 minutos máximo he de contar historias y cantar canciones para todos los públicos. Mi propuesta es la siguiente....Escribo un cuento que justifique y de entrada a canciones clásicas que todos, en algún momento hemos escuchado. He de traducir los cuentos al valencià porque la trobada es en valencià. Pero aquí dejo los cuentos...


Noia de porcelana

Hace no mucho tiempo, nació una niña de porcelana...nunca hasta el día de hoy había nacido alguien así. Con un corazón frío y frágil como una hoja. Y de un tamaño parecido a un tapón de botella de vino. Cuando soplaba el viento se escondía en una campana de cristal. Esperaba a que amainara el viento y miraba a través de su ventana el mundo que le rodeaba. Alrededor la gente paseaba, reía, corría, discutía, se quería...y ella encerrada en su mundo particular. Apenas salía de su mundo por miedo a que la pisaran por un descuido. La gente era, de serie, descuidada, no muy dada a mirar por donde pisa. Cuando lloraba creía que se ahogaba en sus lágrimas. Cuando se reía le dolía la barriga, cuando estaba triste le dolía el alma. Siempre le dolía la porcelana. Ante ese malestar, un día se hizo invisible. Nadie podía verla ni tocarla..y ella emprendió un viaje por su entorno. Subida a una mariposa empezó a conocer el mundo. Primero las rosas, luego los lirios, más tarde los pinos, y otro día la  cabeza de algún niño. No sentía dolor ni miedo porque su cuerpo ya no era ni grande ni pequeño, ni sus lágrimas saladas ni su corazón enjuto y frío. Desde ese momento dejó de ser opaca y la porcelana que la conformaba se convirtió en agua, en una gota de agua, en una niña de agua.

L'estaca

Allí en el pueblo de donde vengo, vive mi abuelo Siset. Un hombre viejo. Siempre ha sido viejo por fuera. La gente lo llamaba viejo, y yo también, y no recuerdo bien por qué...Cada verano pasaba unas semanas con él. Era parco de palabras pero siempre me sonreía. Su sonrisa me daba paz y me tranquilizaba. Al amanecer, cuando todos dormían, él se levantaba a hurtadillas y salía de casa. Un día la curiosidad venció a mi pereza y le seguí. Llegó a lo más alto de una pequeña montaña donde había una estaca. Una gran estaca que tapaba la salida del sol. Siset cada alba y sin hacer  ruido, se acercaba a la estaca y la empujaba con sus brazos cansados. Cinco débiles empujones y volvía a casa.  Una tarde de pequeño fui a empujar y me di cuenta de la impotencia de mis intentos. Así se pasó 40 años dando pequeños empujones. Solo, sin ayuda de nadie. Tardé muchos años en volver al pueblo. Cuando Siset ya era muy muy mayor fui a despedirme y le pregunté: ¿Por qué quieres tumbar esa estaca? Él me sonrió como siempre y me dijo: Porque no nos deja ver con claridad la salida del sol. Está allí en medio y distorsiona su salida. ¿Y qué más da?_le pregunté. No quiero que diga nadie que hay una estaca en la montaña. Quiero que digan que hay un sol grande que brilla. ¿Y por qué no pediste ayuda a nadie?. A nadie más le molestaba la vista. ¿Y ahora qué va a pasar? ¿Quién la va a tirar? La estaca caerá, créeme...sólo es cuestión de segundos o de años. El sol saldrá cada día como hasta ahora. Siempre habrá alguien que, mirando al horizonte, le moleste a la vista. 

Qualsevol nit pot sortir el sol

Era una noche clara y tranquila. Yo estaba solo en la habitación a la espera de nada. Dejando pasar el tiempo con aburrimiento. Cerré los ojos asomado a la ventana y, aspirando el aire fresco de la madrugada, abrí los ojos con fuerza y vi cómo entraba en mi cuarto Campanilla y Peter Pan. Se sentaron en mi mesa de estudio y despertaron a mi Madelman, y a Obélix y al pirata Barbazul. Juntos jugaron a la oca y al parchís. Mientras, en la cama, el oso amoroso y la rana Gustavo se comían una tarta de melocotón. Los soldaditos de plomo comenzaron a desfilar. Y cuando llegaron a mitad habitación, dispararon pompas de jabón. Cientos de pompas inundaron mi habitación. Y con cada pompa que explotaba, sonaba una canción. Y yo empecé a bailar entre tanta fantasía y tanta realidad. Primero solo, y al poco tiempo un vals con Cruela de Ville. Un castillo de colores iluminó mi habitación. Estallidos, flores, colores, música y mucha imaginación. Cerré los ojos de repente y todo se apagó. Los abrí y volvió la música y el arco iris a mi habitación. Desde ese día ya nunca duermo...sólo vivo despierto con los ojos bien abiertos.

Puff el drac màgic

La mamá de Puff le decía todas las mañanas: No salgas del agua porque fuera de aquí, todo son problemas.

Pero Puff se aburría de estar siempre solo y bajo el agua. Salía un rato a jugar y luego volvía a casa.

Un día, en la playa, Puff encontró un amigo. Un niño que andaba solo jugando a hacer castillos en la arena. Puff se presentó para jugar juntos. El niño encantado de tener un amigo, le dejó su rastrillo y juntos construyeron un mundo nuevo lleno de castillos, de princesas y lleno de aventuras. Un día fueron nobles señores. Otro día fueron Reyes. Y otro fueron valientes caballeros. Y Puff y el niño eran felices juntos. Pero la niñez no dura para siempre. Los dragones son siempre dragones, pero los niños se hacen mayores. Y aquel niño del cubo, de la pala y del rastrillo dejó un día de ir a la playa. Y Puff, en su cuento , dejó de ser príncipe y pasó a ser dragón de nuevo.