Blog de cuentosynanas

Yo, abuelo

Pongo aquí la charla-carta que escribí para el día de los abuelos...Algunos me lo habéis pedido así que lo copio y pego. Gracias a todos/as:

Formamos una familia, nos esforzamos en prosperar, trabajar, educar, que a nuestros hijos/as no les falte de nada... Crecemos con ellos y deseamos que llegue el momento de que se hagan mayores, que decidan por sí mismos, que elijan sus caminos...Y cuando llega este momento tampoco estamos realmente preparados. Porque los problemas son otros... pero ahí están. Y, además, los hijos no están en casa para poder discuti...rlos y resolverlos rápidamente. Nuestros hijos tienen pareja o ya no están cerca de nosotros. Y aparecen las temidas terceras personas en nuestras vidas. Personas que complementan a nuestros hijos y que, así ,de repente, y sin opinión , se introducen irremediablemente en nuestras vidas. Y ya nunca volverá a ser como antes...Y está bien, porque necesariamente ha de ser así. La vida prospera, cambia, evoluciona. Y nosotros con ella...

Si ya era difícil encontrar el hueco en la nueva familia de nuestros hijos, aún se complica más cuando vienen los nietos.

Durante un tiempo de nuestras vidas hemos aprendido a vivir sin los hijos en casa. Ha costado pero hemos aprendido. Y de repente vienen los nietos. La llegada de niños a la familia es un momento tan difícil y complicado como especial, agradable y novedoso para todos. Para los padres principalmente porque pasan de una vida en pareja a una vida en familia. Y ya nos son dos sino tres o cuatro. En los padres aparece el espíritu de supervivencia familiar. Un impulso necesario para formar familia. La dependencia de otro en nuestras vidas. Y como aprendizaje que es, supone un reto ser capaz de cubrir las necesidades básicas, afectivas y emocionales de un bebé. La madre aprenderá a atender a su bebé y el padre aprenderá a atender a la madre y al bebé. El instinto maternal supondrá que la madre tenderá al cuidado del bebé sobre su propio bienestar. Y el instinto paternal supondrá que el padre deberá cuidar al bebé de la misma manera y, además, tener en cuenta que la madre necesita una atención diferente a la que demandaba anteriormente al nacimiento del bebé. Una situación límite que, por supuesto, se aprende. ¿Y los abuelos, qué?

Esta nueva situación atrae de forma natural y comprensible a los abuelos. Por varias razones. En primer lugar, el instinto de supervivencia hace que se sientan orgullosos de que la especie continúe. Que hay descendencia. Que no acaba con los hijos, sino que ahora son los nietos. Ese momento tan lejano en el tiempo en el que uno pensaba...¿tendré nietos? ¿seré abuelo/a algún día? Ya ha llegado. Y es también una satisfacción pensar que sí, que estoy aquí para vivirlo. Y en la mayoría de los casos aún somos jóvenes (siempre lo seremos) para disfrutar con ellos. También tendremos en cuenta que después de tantos años en casa sin niños pequeños, volver a vivir con ellos es una alegría infinita. La paz, el descanso, el silencio de casa vuelve a rellenarse con risas, con juegos, con lloros, alborotos...y eso, nos hace volver casi 30 años atrás. Y cómo no...vemos en los nietos los gestos de nuestros hijos. La sonrisa, los ojos, las manos, los pies, el pelo...todo nos lleva ellos. Porque nuestros hijos son y fueron lo que más amamos en nuestras vidas. Y con la llegada de los nietos...los hemos recuperado. Y queremos nuestro sitio en la familia de nuestros hijos para estar con los nietos...y lo mismo que pasa con los papis con la llegada de los bebés, es un aprendizaje encontrar nuestro nuevo lugar en esta nueva familia (que no es la nuestra). Por no hablar que abuelos (normalmente) son cuatro. Y generalmente, los OTROS abuelos son diferentes a nosotros. Ni mejores, ni peores...diferentes. Pero tan diferentes!...Puede convertirse innecesariamente en un juego de tronos. Y hay que tener mucho cuidado con las comparaciones. Porque irremediablemente nos compararemos, porque somo humanos. Pero, es nuestro deber esforzarnos en no crear controversias ni dar más problemas a los padres de los que ya tienen.

Los abuelos deben dar consejos por supuesto, pero no imponerlos nunca. Y tener en cuenta que el consejo no empieza por: “”No hagas, no pongas, no, no, no...Sino más bien...”Y si pruebas....Has intentado?...te has dado cuenta?...” Proponer siempre será mucho más constructivo que ordenar y además, en negativo. Y algo aún más importante: Saber cuándo aconsejar y cuándo no. Y esto es sabiduría del ser humano que se estudia en la asignatura “Saber estar”.

Porque saber estar supone saber no estar. Y, en ocasiones, es mejor dejar libres a los hijos que estar encima de ellos a modo “padre o madre”. Función que, desgraciadamente o afortunadamente ya no toca.

Pero queremos estar cerca de ellos, porque lo necesitamos. Por eso deberemos ofrecer siempre la ayuda de forma incondicional. Nuestros hijos han de saber que estamos ahí para ayudarles, para hacerles la vida más fácil, más feliz. Este es el apoyo que no tiene precio y que realmente entienden a la primera.

Nuestros nietos tienen ahora 1, 2 o 3 años. Es una etapa fundamental en el desarrollo de las personas. Adquisición del lenguaje, de hábitos, de normas, de conductas, de conceptos, de relaciones emocionales...Y todos somos agentes directos y activos en su formación. Familia, escuela, amigos, televisión, tablets...Todos actuamos directamente en sus conexiones neuronales. Y empiezan ya a hacerse una imagen mental del mundo en el que viven. Y es fabuloso pensar, saber, ser conscientes de que nuestra presencia, nuestras palabras, nuestros gestos son imitables. Nuestro poder de alcance en los niños es inmenso. Por eso hemos de tener mucho cuidado en lo que les mostramos y cómo se lo mostramos. Cada uno de nosotros tendremos funciones diferenciadas. Los padres educan a sus hijos. La escuela ofrece estímulos, enseña. El mundo que les rodea será su escenario. Y los abuelos, ¿qué? Los abuelos seremos el consuelo, el solaz, la fiesta emocional para los nietos. Ni educamos, ni enseñamos, ni estamos obligados a nada. De pequeño, cuando volaban los dientes de león, mis padres me decían que se llamaban “abuelitos”. E intentaba agarrarlos y pedir un deseo porque decía la leyenda que se cumplirían. Bueno, pues a modo de reflexión, me ha parecido muy propio como paradoja. Los nietos buscan a los abuelos como refugio de sus constantes normas y obligaciones. Y los abuelos buscan a los nietos porque necesitan de su niñez, de su inocencia y de su energía. El deseo en este caso se cumple por las dos partes. No es una leyenda, ni un cuento, ni una novela. Es una realidad que parte del amor y termina en el amor...


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